PANIQUEQUE
“Paniqueque…el rico paniqueque”. Apenas escucha el pregón mi vecina sale presurosa. Comprar paniqueques es una de sus alegrías diarias, pues el dulce le encanta…y también el chisme también. Lógico, ¿De alguna forma tiene que matar las 24 horas de tiempo libre de que dispone?, y que mejor entretenimiento que las telenovelas en vivo y a color que cada día tienen lugar en el barrio.
Siempre, o bueno, cuando era posible guardaba en el bolsillo de su batón el dinerito para los paniqueques. Hasta que, un día cambió su manera de ver al paniquequero y se hicieron evidentes detalles que no había percibido antes. Esa vez el hombre vino, como habitualmente, conduciendo su bicicleta, en una mano el manubrio y en la otra un cigarro encendido. Ella lo llamó, el paniquequero apagó su cigarro y se acercó a la portería. Ella nota su aspecto desaliñado. Dame diez, le pide. Él suelta el manubrio, cuenta los paniqueques, se detiene un momento, escupe a un lado y se los ofrece, al tiempo que extiende su mano libre para cobrar. En ese instante la mirada de Nilda se transforma de placer, a decepción y alarma. Tras un breve respiro, se disculpa y dice: “Gracias, hoy he decidido no comprar”.
Publicado el 22 de agosto de 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.
necesito la receta de PANIQUEQUE
Trataremos de conseguirtela Becky, aunque este no es un blog de cocina, ja,ja
quisiera me facilitara la receta de paniqueque…es tan difícil?